Fue a principios del siglo XI que se fundó un pueblo conocido como Duesaigües donde
los ríos Anguera y Francolí se juntaban, como beneficio por
la repoblación a dicho pueblo el conde Ramón Berenguer IV otorgó
licencia libre de impuestos, fue derivado de ello que en 1155, la población se
rebautizó como Vilasalva (villa salvada -villa libre de
impuestos-); sin embargo por las continuas inundaciones y la necesidad de
poseer una fortificación en el camino de Lérida a Tarragona, el rey Alfonso II decidió trasladar
la población a un pequeño monte cerca de allí, otorgándole la nueva carta de la
población a Pere Berenguer de Vilafranca, naciendo así Montblanch en febrero de
1163.
Ya estando documentados el castillo y una pequeña iglesia románica,
durante el siglo XIII Montblanch creció gracias a nuevos privilegios reales y a
la concesión de mercados y ferias de ganado, en 1284 por orden de Pedro El
Grande se constituyó el municipio, la veguería de Montblanch y se fundaron las Escribanías
Reales y el Estudio Mayor, la villa adquiere importancia y se construyeron
iglesias, conventos, hospitales y algunos edificios civiles, pero la mayor
relevancia la toma la villa en el siglo XIV, cuando
se constituye como la séptima ciudad de Cataluña, por el número de habitantes,
después de Barcelona, Lérida, Tortosa, Gerona, Tarragona y Puigcerdá, siendo una villa con un importante peso económico.
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